Un bumerán atravesando el desierto siguió el viento
encadenando la bilis de alguna especie pisoteada por lo peculiar,
en huella que se empalma con el suelo que persigue el horizonte
y se diluye en niebla difusa, caliente.
El viento descubre, descubre sin pena un soldado caído
del escuadrón de tesoros perdidos, yace masticado
se que una vez tuvo orejas por el plástico doblado, diminuto
él sabe que mi mundo es más grande, más el suyo, más no pudo ser,
aún así, su grandeza no se disminuye con el pasar de las horas.
Si los gusanos que comen ojos no feran mis amigos,
No hubiese visto cómo las nubes desnudaban el cielo
desplazandose hacia los bordes en claro ropaje suave y translúcido
que cae hacia los lados revelando sensuales tinieblas,
aún más se llena como esponja y mientras más
el cielo se desviste el suelo mas se moja y la maleza menos se aguanta,
las rocas no se resisten ya no guardan lo que guardan sólo las enormes, y ni tanto,
no es posible tanto llanto con tan poca advertencia y con tan sorpresivo acto,
cuando la naturaleza supone un pacto.
Unos le llaman lluvia, aqui le dicen llanto… porque son lágrimas que caen de lo alto
y bajan ténues, dulces, gruesas, en saltos se ven opacas qué extraño,
será un dolor reprimido por los años, será el azul que nunca llegó con encantos…
...será que entonces se rindió y colapsó desparramado.
Yo descanso, mis sentidos, pestañeo y me desembarro
En un absurdo volteo la vista y encuentro una tímida zona con sombra
creo que mi atención tuvo la culpa, porque en ése instante,
me esperó una corriente que traviesa se escapó, y sopló arena
como azúcar derramandose, para joder al llanto,
aunque “obsoleta” su burla fue heróica. Aunque sucumbió,
alguien la rescató porque, para revelarse, de alguna forma la recordó.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario