jueves, 30 de abril de 2009

Mi bestiario

Belleza diluída en tinta y sangre, caliente… papel que respira…

Un oráculo que se desprende arrastrando tiempos de cólera y resurección.

Amanece en una recámara de un monasterio celestial en donde se predica la profanación y se habla de amores, desprecios y contaminación, mentiras etiquetadas con porcientos de descuentos, pastillas que te bajan la nota, y te queman el cielo de la boca, angustias, tintes de color penumbra, llaveros que cierran puertas y acuestan a inocentes para ser ejecutados, canciones que hablan de terrorismos que salvan pero que aún celebran libertad, conciertos, conjuros que acaban con la unión, epitáfios, regaños que provocan nada, espejos que asustan, retazos de mantos de papas a través de la historia, pelo de caballo blanco, cursos de cocina para expertos en chile, y espadas que riegan las plantas.

 

Se puede volar allí y lanzar monedas, llorar hasta que amanezca, para variar, para hacer notar belleza y naturaleza, ayer corté el césped que alimenta mi bestiario, estabas ahí? Y si lo estabas no te vi, preferi morder algo que sobraba y de textura amarga, quién dijo que tienen las cosas que ser así? Quién se inventó su carácter?

 

Voy a salir y me voy a negar, voy a fingir que no existo, como haces tu como hacen los ángeles que no tienen piedad, que buscan por debajo y desde arriba lo que me puede agobiar… y voy  a mentir, mentir hasta borrar toda verdad, todo lo acontecido antes y demás. Cómo un náufrago, relevantarme en orillas de ingenuidad, rehacer mi vida en esta isla desierta que no es más que un regalo, una dicha, una suerte de escapar y no tener allí nada que me pueda atar nada nada más que una lumbre indispensable y que lo único que me reproche lo guarde abierto lo que me pueda cobijar.

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