Belleza diluída en tinta y sangre, caliente… papel que respira…
Un oráculo que se desprende arrastrando tiempos de cólera y resurección.
Amanece en una recámara de un monasterio celestial en donde se predica la profanación y se habla de amores, desprecios y contaminación, mentiras etiquetadas con porcientos de descuentos, pastillas que te bajan la nota, y te queman el cielo de la boca, angustias, tintes de color penumbra, llaveros que cierran puertas y acuestan a inocentes para ser ejecutados, canciones que hablan de terrorismos que salvan pero que aún celebran libertad, conciertos, conjuros que acaban con la unión, epitáfios, regaños que provocan nada, espejos que asustan, retazos de mantos de papas a través de la historia, pelo de caballo blanco, cursos de cocina para expertos en chile, y espadas que riegan las plantas.
Se puede volar allí y lanzar monedas, llorar hasta que amanezca, para variar, para hacer notar belleza y naturaleza, ayer corté el césped que alimenta mi bestiario, estabas ahí? Y si lo estabas no te vi, preferi morder algo que sobraba y de textura amarga, quién dijo que tienen las cosas que ser así? Quién se inventó su carácter?
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